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Reseña del juego Wolfenstein Youngblood

Creo que en algún momento de nuestras vidas todos hemos jugado algún título de la saga Wolfenstein, la cual se fue haciendo reconocida en el tiempo por su trama bizarra, disparos y explosiones desmesuradas. Luego de un buen The New Colossus la vara quedó alta. Hoy vamos a analizar la última entrega.

Todo se sitúa en los años 80, en Francia, más específicamente en París, donde el régimen nazi predomina. Jessica y Sophia, hermanas gemelas, salen en busca de su padre, el legendario Blazcowickz, quien fue capturado por el enemigo, o por lo menos ese es el rumor. Para esto deberán enfrentar millones de obstáculos, con la ventaja de contar con unos trajes especiales, que les brindarán nuevas habilidades y podrán desarrollar a lo largo del juego. Nos enteramos de todo esto gracias a la primera cinemática y prácticamente la última, ya que hay poquísimas.

Comenzaremos por elegir a una de los dos personajes, cada una con su arma preferida, sin embargo esto no tendrá mucha importancia ya que avanzando un poco más obtendremos los mismos objetos y capacidades. Un desaprovechamiento total para imponer un estilo individual en cada jugador.

Admito que no desarrollaron una buena historia, el guion es poco relevante, o por lo menos quedó muy por debajo de las anteriores entregas, haciendo que muchas situaciones sean intrascendentes, llegando a un punto en que te olvidás de todo y te entregás al entretenimiento, porque no hay mucho que entender. Igual es ahí es donde se encuentra su famoso sello, la acción desenfrenada, la variedad de enemigos con distintas armas, algunos casi como mini bosses. Combinando esto con robots y perros mecánicos, tendremos varios dolores de cabeza, sobre todo si elegimos la dificultad más alta, que por más que resulte frustrante por momentos, realmente vale la pena por el grado competitivo que genera y nos mantiene frente a la pantalla, a la expectativa de todo.

Una de las novedades es su estilo de juego. Ahora de “mundo abierto”, con la posibilidad de exploración para obtener objetos que nos beneficien y la libertad de realizar misiones fuera del orden lineal. Tenemos a disposición una suerte de árbol de habilidades que iremos desbloqueando con recursos y mejoras significativas en las armas, para aumentar su potencia. Iremos incrementando nuestro nivel de pelea, el cual también tienen todos los enemigos y que podremos visualizar con un simple indicador sobre ellos, junto a sus debilidades. Esto de manera inevitable lleva al clásico farmeo, es decir, repetir misiones y enfrentar los mismos enemigos una y otra vez solo para incrementar nuestro poder y estar a la altura para avanzar en la campaña principal. Se incorporan misiones secundarias, que son entretenidas pero en un momento sentimos que hacemos siempre lo mismo, ir de un punto A a un punto B. Toda estas incorporaciones buscan darle frescura pero pierde un poco el estilo original. También se incorpora el modo cooperativo, donde podremos jugar junto a un amigo y lograr que las misiones resulten más divertidas, aunque faltarían mecánicas para explotar esto de una mejor manera.

Parece algo tonto, pero es muy molesto la ausencia de puntos de control o la posibilidad de poner pausa, que angustia aún más cuando jugás en solitario. Es decir que si avanzaste por un sector durante una hora, salís del juego y entrás en otro momento, comenzás desde el principio del nivel, y aunque no pierdas lo que recolectaste en el camino, es tedioso repetir todos los enfrentamientos nuevamente para acercarse al mismo objetivo.

Técnicamente nada nos sorprende, hay muy poca diferencia con su antecesor. Los gráficos son sólidos y la música acompaña bien. El diseño de los escenarios es correcto y la tasa de frames es impecable.

Youngblood no es un mal juego, pero agrada más por la intención que por el resultado. Esperamos que en un futuro aprendan de los errores y nos den más horas de entrenamiento, como nos tienen acostumbrados.

A FAVOR

  • La acción.
  • El modo cooperativo.
  • La dificultad.

EN CONTRA

  • La historia.
  • No hay puntos de control ni pausa.
  • El farmeo.
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Desarrollador gráfico y web, con ganas de trabajar y aprender todo lo posible de este campo tan variado. Trato de ser creativo en la vida laboral como personal. Amante de la buena lectura, el cine con sentido e inteligente.
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